domingo, 12 de abril de 2020

Domingo de Resurrección - 12 de Abril

Santo Evangelio según San Juan 20, 1-9
RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". 

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN
¡Aleluya, Aleluya, Cristo ha resucitado!

Feliz domingo de Pascua y es feliz porque nuestra historia terminará en un buen final, que no es la muerte, sino la resurrección. Lo que más temía el hombre, la muerte ha sido vencida, ya no es una amenaza, sino ahora nos trae una esperanza y es que viviremos para siempre con Dios.

Ahora que sabemos que hemos resucitado, el hombre viejo ha muerto y ahora somos nuevas criaturas en Cristo, por ello la alegría nos debe llevar a vivir como resucitados ¿Qué malos hábitos han muerto?

San Pablo nos recuerda que busquemos los bienes del cielo, donde está Cristo y el mayor bien es la caridad, es la alegría de que Cristo viva en nosotros, es también la esperanza de ver que Dios es poderoso que venció a nuestro más temido verdugo que es la muerte y, entonces, ¿cómo no va a vencer un virus? La resurrección nos confirma que Dios lo puede todo y nada es imposible para Él.

¿Cómo será nuestra vida desde ahora? Y es que hemos pasado de la muerte a la vida, por ello, también debemos ser portadores de esta buena noticia en nuestros hogares, ellos la esperan entre tantas malas que recibimos.

Aquí está la medicina del mundo que es Cristo, es Él quien hará de esta humanidad, un mundo mejor. Que la Virgen María nos ayude a vivir como resucitados.

Hno David Pacheco Neyra, OFM Cap.

Dios los bendiga

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

¡FELIZ PASCUA AMIGOS! ¡CRISTO YA VENCIÓ!



VIGILIA PASCUAL (tarde del Sábado Santo)

El Sábado Santo por la tarde, toda la Iglesia participa de la Vigilia Pascual, la noche en que Cristo vence a la muerte, en que se muestra victorioso y nos redime. una noche sublime, magnífica, feliz. Durante la celebración hay cuatro momentos: Bendición del Fuego, Liturgia de la Palabra, Liturgia Bautismal, Liturgia de la Eucaristía.

Durante esa noche se entona el Pregón Pascual, conocido también como Exultet, donde se invita a toda la Iglesia a alegrarse por el cumplimiento del Misterio Pascual, por la Victoria de Jesucristo, el cumplimiento de todas las promesas de Dios a los hombres, la más grande prueba de amor.

En su texto se recuerdan varios momentos prodigiosos de la Historia de la Salvación, que es también nuestra historia. Haz clic en el enlace y podrás escuchar el Pregón Pascual, unirte a la alabanza y alegría de todos los que amamos a Jesucristo 👇🙏👇
                                                   
                 Pregón Pascual



Sábado Santo (mañana)


Viernes Santo



Jueves Santo



lunes, 6 de abril de 2020

¿Cómo reconciliarse en tiempos de Covid19?



En tiempos como estos, cuando no es posible acudir a un sacerdote para solicitar el sacramento de la reconciliación, muchos echamos de menos dicho sacramento. No podemos reemplazarlo, pero hay algunas alternativas que el Papa Francisco nos ha dado a conocer como medida extraordinaria a causa de la Emergencia Sanitaria por la Pandemia COVID 19. Aquí te compartimos tres formas de reconciliación.


1.    Podemos celebrar un Acto Personal de Reconciliación con Cristo
  •     Busca un lugar tranquilo dentro de tu casa.  
  •   Ponte en presencia de Dios, invoca al Espíritu Santo con un canto o con alguna oración, Te sugerimos esta:

Ven, Espíritu Santo,
Llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor, tu Espíritu.
Que renueve la faz de la Tierra.
Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles
con la luz del Espíritu Santo; concédenos que,
guiados por el mismo Espíritu, sintamos con rectitud y
gocemos siempre de tu consuelo.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.

Aquí una invocación el Espíritu Santo en video con letra:

  •  Lee la Parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15, 11-32) es un texto que nos muestra la misericordia y el amor de Dios por nosotros.
  • Haz un examen de conciencia profundo, en tu interior. ¿Cómo herí mi relación con Dios? ¿Cómo herí a mis hermanos: familia, hermanos pobres…? ¿Cómo me herí a mí mismo? Pensar también en aquello que pudiste hacer y no hiciste: las omisiones. 
  • Pide perdón a Dios, sinceramente. Haz un acto de contrición, de dolor sincero por los pecados cometidos. Podemos rezar el Salmo 51 (50), llamado también el Miserere o rezar una oración de contrición, te sugerimos esta fórmula:

Señor mío, Jesucristo,
Dios y hombre verdadero,
Por ser tú quien eres y porque te amo,
me pesa de todo corazón haberte ofendido;
y me propongo con tu ayuda nunca más pecar y
apenas pueda, confesarme.
Dios mío, perdóname.

  •   Reza el Padre Nuestro con espíritu de hijo que ha vuelto a los brazos del Padre.
  •  Agradece y alaba a Dios, con un canto de alabanza o con el Magníficat que puedes cantar o leer en la Biblia, lo encuentras en el Evangelio de Lucas 1, 46-55.


 "Haz lo que dice el catecismo, es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesar, habla con Dios, él es tu padre y dile la verdad: 'Señor, he combinado esto, esto, esto, perdóname, y pídele perdón con todo el corazón, con el acto de dolor, y prométele 'luego me confesaré, pero perdóname ahora… e inmediatamente volverá a la gracia de Dios".
Papa Francisco

Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama "contrición perfecta"(contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf Concilio de Trento: DS 1677).

Catecismo de la Iglesia Católica N°1452 


2.    Podemos acogernos a la Indulgencia Plenaria que ha otorgado la Iglesia para este tiempo de Emergencia Sanitaria por la Pandemia del COVID 19.

Todo pecado trae consigo una culpa y una pena. La culpa es la ofensa hecha a Dios, se borra con la confesión sacramental, y en este contexto, con la contrición perfecta. La pena es la consecuencia que supone el pecado cometido, que se cumple en este mundo o en el purgatorio.

La Indulgencia Plenaria es el perdón completo de esa pena, se puede obtener de varias formas y en varios momentos; pero para este tiempo de Emergencia Sanitaria tiene estas características:

        2.1 Indulgencia para todos los fieles afectados por el Corona Virus COVID 19: esto incluye: enfermos de Covid 19, familiares de los contagiados, personal de salud que atiende la pandemia, todos los que cuidan y oran por los enfermos de Covid 19.

Requisitos:

V  Ofrecer la prueba de la enfermedad con espíritu de fe y caridad con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible.

V  Unirse, con espíritu desprendido del pecado, a través de los medios de comunicación a alguna de estas actividades:
-  Santa Misa
-  Santo Rosario
-  Himno Akathistos
-  Vía Crucis
-  Rezar un Credo, Padre Nuestro e invocación a la Virgen María

    2.2    Indulgencia para todos los fieles, tiene los siguientes  requisitos:
   Ofrecer una de estas prácticas religiosas para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la  epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado para sí:
      - Visita al Santísimo Sacramento
-      Adoración Eucarística
-      Lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora
-     Santo Rosario
-     Himno Akathistos a la Madre de Dios
-     Vía Crucis
-     Corona de la Divina Misericordia

3  Puedes participar de alguna celebración penitencial que esté siendo transmitida por los medios de comunicación. Aquí hay una:


Y MUY IMPORTANTE ESTE MIÉRCOLES SANTO a las 6:00 p.m. en nuestros canales de Facebook e Instagram estaremos transmitiendo el ACTO PENITENCIAL VIRTUAL desde la Parroquia Señor de Huamán por la página de dicha parroquia o la página de Reflexiones para el Camino con la guía de los Hermanos Capuchinos.

TE ESPERAMOS

“La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo (cf St 5,20), la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 P 4,8)”.
Catecismo de la Iglesia Católica N°1434 





Miércoles Santo



Martes Santo



domingo, 5 de abril de 2020

Lunes Santo



Domingo de Ramos 2020




Domingo de Ramos - 5 de abril

Santo Evangelio según San Mateo 26, 14 – 27, 66

Pasión de nuestro Señor Jesucristo


C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro
S. «¿Soy yo acaso, Señor?».
C. Él respondió:
+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho».
C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, por- que está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
+ «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ese es: prendedlo».
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!».
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?».
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?».
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte».
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».
C. Él lo negó delante de todos diciendo:
S. «No sé qué quieres decir».
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.
C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. «He pecado entregando sangre inocente».
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».
C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:
«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».
C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les preguntó:
S. ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».
C. Contestaron todos:
S. «Sea crucificado».
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Sea crucificado!».
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S. «¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».
C. Todo el pueblo contestó:
S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:
S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».
C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:
+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. «Está llamando a Elías».
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S. «Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:
“Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».
C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Ahora comienza nuestra salvación y todo encuentra un sentido

Comenzamos una Semana Santa diferente, ahora nos toca quedarnos en casa y ser protagonistas de este camino junto a Jesucristo.

La primera invitación del Domingo de Ramos es entrar a Jerusalén con Jesús, portando el signo de la rama verde que tengamos en casa (espero que todos hayan podido conseguir), es un signo de compromiso e identificación con este paso importante en nuestra vida.

Esta celebración nos invita también a tomar conciencia porque Jesús va a Jerusalén, por ti y por mí, para dar su vida para salvarnos. Ahora creo que tenemos tiempo para meditar este acto de amor nunca visto en la humanidad: que Dios hecho hombre viene a dar su vida por ti y por mí. ¿Alguien ha hecho tal locura de amor?

En tercer lugar, el evangelio nos cuenta cómo Jesús es recibido y cómo es humillado, torturado y clavado en una cruz: “Cargó con nuestros pecados” y vemos a un Jesús sufriente que sabe de dolores, encierros, soledades porque lo dejaron solo en la cruz y nosotros podemos asociar a su pasión nuestros sufrimientos, sabiendo que Jesús los acoge y nos comprende.

Es tiempo de demostrar tu madurez en la fe, ya no hay un sacerdote que te está mirando o la gente alrededor para ver como vives tu fe. Ahora es tu familia y sobre todo tu conciencia quien te ve, y no puedes vivir esta Santa Semana aislado, sino con tu familia que es la “iglesia doméstica”. También aquí se da la tentación del hacer y hacer, cuando no hay una convicción clara de lo que buscamos, pero todo nos invita a acercarnos a Dios y vivir serenamente esta Semana Santa. Ahora tú eres el protagonista de motivar a los tuyos a vivir esta semana tan esperada, adonde vamos a encontrar sentido a todo lo que está pasando en el mundo y a todo lo que nos espera.

Que entremos a esta Semana Santa con nuestra madre la Virgen María, para que al cabo de ella, salgamos como otros cristos.

Hno David Pacheco Neyra, OFM Cap.

Dios te bendiga

sábado, 28 de marzo de 2020

Marzo 2020








Domingo 28 de marzo

IV Domingo de Cuaresma
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

«Señor, el que tú amas está enfermo».
Jesús, al oírlo, dijo:
«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.
Solo entonces dijo a sus discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
«¿Dónde lo habéis enterrado?».
Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!».
Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».
Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Y dicho esto, gritó con voz potente:
«Lázaro, sal afuera».
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
«Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Salgamos del sepulcro del miedo para pasar a la vida abundante que nos trae Cristo

Ya estamos a una semana de la Semana Santa y los evangelios nos han recordado la necesidad de Jesús en nuestras vidas, tan necesario como la luz, como el agua y ahora para resumir, nos dice que Jesús es vida y entonces los que están lejos de Él viven en la muerte. Vamos a ver hoy el episodio de la resurrección de Lázaro que nos muestra cómo es Jesús y qué es lo que puede hacer.

Lázaro estaba gravemente enfermo y la reacción de Jesús no es de indiferencia, sino todo lo contrario, es su amigo y llora por él. Así es Jesús. Ante tantos enfermos, Él sufre con ellos, porque está en cada hombre que sufre y puede comprenderlos. Jesús se conmueve profundamente y se estremece ante el dolor, porque valemos tanto para Él que dio su vida por nosotros.

Por otro lado, podemos ver que Lázaro fallece y Jesús lo permite para que los demás puedan ver la gloria de Dios. Ante la situación actual de peligro de muerte, también tenemos que pensar en ella y meditar en lo que viene después. Esta situación de peligro nos debe llevar a trascender y pensar en la muerte como la puerta para la vida eterna y esto hay que aceptarlo en paz y hasta con agradecimiento, porque Jesús ha vencido a la muerte. No hay que temer a la muerte.

Pero también hay una muerte espiritual que es consecuencia del pecado (la paga del pecado es la muerte) y quien trae la vida es el Espíritu de Dios. Todo lo que estamos pasando nos llama a despertar como Lázaro, a salir de nuestros sepulcros del miedo, angustia, pánico, desesperanza e indiferencia, para pasar a vivir una vida sin temores confiados en Cristo. Se viene la Pascua y es la oportunidad de cambiar de vida y dar el paso de la muerte a la vida.

Que la Virgen María nos ayude a prepararnos para la Pascua que se avecina, pasando de la muerte a vivir con Cristo que es la vida.

Hno. David Pacheco Neyra, OFM Cap

Paz y Bien

lunes, 23 de marzo de 2020

Cuaresma en tiempos de COVID-19 ¿CÓMO PREPARARTE A LA MISA ON LINE, EN TU CASA?



En esta Cuaresma (en tiempos de Covid-19), estamos participando en la Santa Misa y otras celebraciones litúrgicas desde casa. Alistémonos para este encuentro maravilloso con las siguientes recomendaciones:

1. Prepara tu corazón, piensa en el encuentro sagrado que tendrás con Jesús Eucaristía. De preferencia lee con anticipación las lecturas que se compartirán. 

2. Prepara, también, el lugar, ubícate en un lugar apropiado donde puedas mantener la atención. Sintoniza la transmisión minutos antes, apaga o bloquea cualquier distractor que pueda interferir. Es momento de concentrarte solo en la celebración.  


3. Cuando empiece la misa, únete profundamente, al sacerdote que preside, pidiendo perdón por los pecados que hayas cometido.

4. Escucha con atención la proclamación de las lecturas bíblicas, son Palabra de Dios. Medita en ellas con ayuda de la homilía del sacerdote.

5. Durante el Ofertorio, pon sobre el altar todo lo que estás viviendo, tus miedos, tus sufrimientos, tus esperanzas, tus intenciones, las intenciones del Papa.

7.- Vive con mucho respeto y fervor el momento de la Consagración, si es posible, ponte de rodillas para adorar a Jesucristo en su misterio de Amor, que toma nuestra carne y sangre y está a nuestro lado siempre. 

8.- Reza el Padrenuestro con claridad, acuérdate que eres hermano de todos los hombres.

8.- Durante la Comunión, adopta una postura de reverencia, si es posible, ponte de rodillas. Es momento de hacer la comunión espiritual, expresando el deseo inmenso de recibir a Jesucristo en tu ser. Puedes recitar esta oración u otra similar en tu corazón.



9.- Al finalizar, agradece al Señor que hayas podido participar en la misa y da testimonio de este encuentro con Jesús en tu vida diaria.



RECUERDA: 

La misa es el memorial de la Pascua del Señor, es decir, su pasión, muerte y resurrección. Únete a Jesucristo con amor, en este tiempo desde tu casa, guardando la dignidad y admiración correspondiente y seguro de que Él ESTÁ CON NOSOTROS Y NOS ACOMPAÑA SIEMPRE, mucho más, ahora en estos tiempos de Covid-19 que tanto nos cuestionan y desafían como humanidad.


lunes, 9 de marzo de 2020

Un encuentro entre dos buscadores: Jesús y Zaqueo (parte 3) (Lc 19, 1-10)


“Trataba de ver quien era Jesús, pero no podía a causa de la gente porque era pequeño de estatura. Se adelantó corriendo…

Impedimentos para el encuentro


Imaginémonos el aspecto de Zaqueo, un hombre de mucho dinero, muy bien vestido, muy conocido por ser un personaje importante: jefe de los cobradores de impuestos y además, bajo de estatura. Esto para algunas personas puede crear un complejo de inferioridad y limitaciones para desenvolverse entre la gente, en el caso de Zaqueo, su baja estatura no le permitía ver a Jesús en medio de la multitud. pero existen impedimentos mayores que no permiten acercarnos a Dios y nos lo dice el catecismo: “la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas (cf. Mt 13,22), el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes del pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios (cf. Gn 3,8-10) y huye ante su llamada” (CIC 29). Nosotros por nuestra parte ¿súmanos o restamos’ ¿atraemos o alejamos? Zaqueo tuvo que ver como Jesús cambiaba corazones y pensó que podía cambiar el suyo.


La razón para el encuentro


Cuanto más difícil la meta, más grande ha de ser el deseo para conseguirla, y la meta del hombre es conocer a Dios: “El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar” (CIC 27). Zaqueo representa al hombre que tiene sed de Dios y que lo ha de buscar, y en esta búsqueda tiene un móvil que es el anhelo de ser feliz, el hombre está hecho para ser feliz y esto comienza aquí y culmina plenamente en el cielo. Zaqueo va a poder vencer cualquier obstáculo por la motivación que va de fondo, conocer a Cristo, porque en esto consiste la vida eterna “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Jn 17, 3. Zaqueo con todas sus riquezas y autoridad pública no podía ser feliz, pero sabía en quien podía colmar ese anhelo de felicidad que llevaba muy dentro de sí. Por ello dirá el catecismo: “Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad y el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios” (CIC 30)

Muchos curiosos y pocos seguidores para el encuentro

Es interesante que muchos se acercaron a Jesús, pero solo Zaqueo va a ser el escogido para que Jesús vaya a cenar con él, y es que Jesús ve el corazón y no las apariencias, muchos estaban buscando a Jesús de curiosos, quizás para solo decir que lo han visto o por seguir a la multitud, también nosotros debemos preguntarnos ¿con qué intenciones nos acercamos a Jesús? Solo para verlo de lejos, para pedirle y luego nos olvidamos, para satisfacer nuestra curiosidad, para criticarlo… o quizás como Zaqueo lo buscamos con todo su corazón y estamos dispuestos a pasar el ridículo, subiendo a un sicomoro con tal de conocer a Jesús que vino a traer vida y vida en abundancia.



Reflexión


Hacia un encuentro


Un encuentro entre dos buscadores en donde:

La motivación es más fuerte que los obstáculos.
El Otro salió primero a buscarnos.
Los defectos y limitaciones se vuelven motivos para seguir.
Las ansias de conocerlo trasciende nuestros defectos.
Se comienzan a encontrar aquí para culminar allá.

Y cuando Lo encuentro:

Me encuentro a mí mismo.
Encuentro a los otros.
Encuentro dentro de mí a quien por fuera buscaba.
Entonces, todos los encuentros anteriores llegan a tener sentido...
Entonces, no  dejo de buscarlo.

Y sin embargo:

Hay muchos curiosos, pero pocos buscadores.
Ponte en búsqueda...


Hno. David Pacheco Neyra, OFM Cap